Una de las cosas más bonitas que tiene formar parte del movimiento Bookcrossing es descubrir nuevas lecturas, y ponerte por fin con las que nunca lees aunque se tiren eones cogiendo polvo en casa.

De estas últimas, en el juego de la Cadena de Lectura Obligatoria 2007 (que consiste en leer y hacer leer un libro en concreto cada bimestre), me han obligado a leer Dune por fin. Es el libro de cabecera de Herberwest; y siempre le tuve algo de miedo gracias a la parodia que le hacían en la Guía del Dragonstopista Galáctico. Pero no me lo imaginaba tan absorbente. Está resultándome difícil de dejar cada noche, hasta el punto de quedarme dormida con el libro encima.

Del primer ejemplo estoy terminando En el borde del mundo: memorias del juez que procesó a Pinochet. Me esperaba un relato estremecedor, yendo como va del juicio de la Caravana de la Muerte… pero no tan desgarrador como éste.

En tiempos políticos en los que sobran “demócratas” y actos de reafirmación de amor a la Patria (todos ellos constitucionales, faltaría más); donde todo el mundo se apunta al carro de la rebeldía contra el franquismo cuando Franco ya está enterrado y sus secuaces babeando, y Fraga ya no puede llamarles “mi querido amigo”.

El juez Juan Guzmán es un hombre de derechas. Conservador, católico, tradicional, tranquilo, de familia de militares, no implicado políticamente; no gustante del gobierno de Allende y crítico con sus dificultades. No presume de haber tenido “mejores amigos de partidos de izquierda” como otros. Y cuando, 15 años después de terminada la dictadura, da curso a una querella económica, se enfrenta cara a cara con una dictadura aberrante que él mismo y su familia habían defendido hasta entonces.

En estas memorias, el Guzmán hace un ejercicio de honestidad y de humildad que me gustaría intuir en alguno de nuestros políticos y tertulianos profesionales. Podrían aprender de vez en cuando.