Kendo


Sin pirulas (¡once años con pirulas!) entreno mejor: pierdo menos el equilibrio, casi no me canso, corrijo la guardia, me muevo mejor y, en consecuencia, no me cuesta tanto trabajo moverme durante el geiko.

Sólo he encontrado tres caras nuevas (bueno, cuatro, ahora que ha vuelto J.-senpai). La gente viene y va, y algunos permanecemos, aunque seamos como el Guadiana. He encontrado que mi instructor no se ha olvidado de mí; y que estaba realmente preocupado porque esta vez me quede de verdad… hasta que él también se ha dado cuenta de que sin pirulas funciono mejor y ha cogido carrerilla: “relaja y a tu ritmo, no corras…” [...] “¡Corre, hombre, que si no pasas no haces nada!”).

Durante meses me he estado acordando de las madres, padres y antepasados de todos y todas los que me han negado su ayuda, o su compañía, o su transporte para asistir a los entrenamientos, durante meses, aguantando crisis tras crisis de agorafobia. Dolían más los que respondían con silencio, o los que directamente no respondían. Uno de ellos, en concreto, pasó por un calvario personal bastante desagradable para volver, y esperaba la mitad de ayuda que él obtuvo de mi parte (llamadas desde Galway incluidas). Esta mañana no me importaba tanto. Es más, ahora casi lo agradezco. Ahora no le debo nada a nadie.

Chudan no kamae.

Quién sabe, quizá romper con el aspecto social me ayude a volver.

Manu-senpai se ofrece a esperarme para que no me queden más narices que ir mañana al Dojo. Arigato goziemashita, que vivir dependiendo es jodido, y en una ciudad como Madrid, este tipo de ayudas cuestan esfuerzo, y mucho, al que ayuda.

Esta mañana tenía pensado hacer una primera visita a Biocultura, pero al final estoy en casa. Ahora mismo tengo los radiadores puestos y, a falta de bata, una manta encima. ¡Y tengo agujetas! Tendré que caminar más a menudo.

En la Universidad hay clases gratuitas de conversación en inglés y en francés, así que paso por lo menos un día a la semana allí desde por la mañana. Y me están buscando profe de árabe entre los alumnos de intercambio.

Sigo sin encontrar acompañante, porque además, me han tenido que asesorar para buscarlo. Y para poder ir a Kendo por las tardes, cuando no pueda ir por las mañanas, también estoy en bragas. El otro día Ómen-senpai solucionó mi petición de acompañamiento con un “venga, mujer, mentalizate y ven, que no se te ve el pelo” (que es habitual que no se me vea ). No fue falta de interés: es que no pilla el meollo del asunto.

En fin, tampoco es que lo lleve muy bien últimamente. El entrenamiento me cansa mucho, por eso necesito volver a entrenar de forma urgente, y si voy a tener que acudir por la tarde necesitaré que algún compañero, por lo menos, quede conmigo por la zona. Mañana llamaré a Yuru, para ver si podemos empezar a acudir los sábados.

Pero si alguien vive por Embajadores/Acacias y quiere hacer kendo, estaré encantada de ayudarle a cambio de que me empuje un poco.

… son los que llevo desde el martes tomándome para poder dormir. Lo peor es que no puedo ni estar sentada mucho rato sin agarrotarme.

Espero que pronto pueda entrar de nuevo en la fase quégonicoeselkendoymerecelapenatodotoditodo porque los últimos entrenamientos me están matando. :/

Ayer me encontraba mejor y decidí quedarme a todo el entrenamiento incluidos los combates. No notaba apenas palpitaciones y me dije “pues palante”.

Hubo un momento en que perdí el control de mi ataque. Me sentí atacada por mi contrincante, y tras la necesidad de defenderme vino la ansiedad de forma creciente. Y rápida de narices.

(¿que si era verdad? Pues qué sé yo, a estas alturas… ya me enteraré)

La cosa es que me faltaba la respiración y me salí por la calle de enmedio y me lié a hostias. Él me daba estacazos en la cabeza y yo le metía el codo en el cuello para que no me diera dobles. Hasta que P.-sensei me hizo parar y me corrigió como siempre pero yo me vine abajo. Pedí salir. Me fui al vestuario. No podía respirar. No podía dejar de temblar y cada vez gritaba más para poder echar el aire. Acabé en el suelo mordiendo la cara interior del men gane para que no me oyeran. Creo que fueron como cinco minutos o así.

No sé por qué me levanté y volví a salir afuera. Pero cuando volví a respirar rítmicamente salí, me preparé, volví a colocarme el equipo y entré otra vez al combate. Oh. Heroico acto de superación.

Mis compañeros no le dieron importancia. Fue un gesto de normalidad, cargado de buena intención y que ayuda a menudo. Y participaba en la conversación y las risas de después (porque, obviamente, herber tuvo que venir a recogerme). Es más, si me hubieran preguntado, habría quitado hierro a la cosa diciendo que lo raro es que no me haya pasado antes.

Pero en los momentos de normalidad, esa normalidad que exigimos y deseamos, a algunos, alguna vez, como a mí ayer, lo que nos gustaría es ser abrazados. Supongo que no es algo que le ocurra sólo a los enfermos mentales. Ni siquiera hará falta estar enfermo para necesitar calor un día chungo.

Es cierto que esto no me había pasado desde mis primeros días de Kendo. Sé que no es especialmente preocupante. Sé que ellos saben que yo sé cómo apañarmelas en estas situaciones. Lo frustrante es que esos picos me recuerdan que, objetivamente, no hay motivos para que siga yendo. Nunca me examinaré. Nunca participaré en un torneo. Todo lo más, tiene su puntillo ver cómo otros más preparados físicamente se aburren y lo dejan. La normalidad me cuesta una frustración considerable a mí, y a veces saca de sus casillas a P.-sensei, cosa que probablemente sea lo que peor me sienta de todo.

Pero ante la duda, haced como ellos. Normalidad aunque os quedéis cortos.

Porque además podría ser peor: si viviera en Valencia lo mismo me impedían hacer Kendo.

Supongo que quedará raro poner este mensaje justo a continuación del anterior. Qué voy a hacerle.

Solución de emergencia para ir al Dojo:

- Levantarse a las 7:00
- Coger todos los trastos, y material de lectura/estudio abundante.
- Desayunar en el bar de al lado para poder conducir. Asegurarse de que te den muchísimo suelto. Cuanto más cascajo, mejor.
- Llevar al esposo al curro (zona Arturo Soria)… y dejarle en el cruce con Alcalá, en vez de varias manzanas hacia delante.
- Girar a la izquierda.
- Hacer la glorieta y bajar toda la calle Alcalá hasta Alfonso XII. Descender hacia Atocha.
- Meterse en 100 metros TRES carriles a la izquierda.
- Llegar al Dojo.
- Aparcar en zona verde lo más cerca posible del parquímetro (que está a dos metros de la puerta).
- Calcular el tiempo hasta las 11:30. Ir pagando por periodos que coincidan con las 11:30 hasta la hora en que has llegado (pongamos las 8:30 o las 9).
- Buscar un bar abierto. Pasar el primer periodo tomando el cafelito y estudiando o leyendo. Si la cosa se pone muy muy muy mal, se da un paseíto por la zona para calmar los nervios: ir a comprar el periódico, al bazar, al herbolario… y pasar lejos del coche.En cuanto estén abiertos. Y vigilar que nos sobre cambio.
- Entrar a las 10:30 en cuanto abran.
- Renovar la hora de parking hasta las 11:30.
- Prepararse y vestirse cuanto antes. Si hay que leer en el vestuario, se lee. La cosa es que ya no tenga remedio y no te puedas ir.
- Aguantar el cachondeíto de P.-sensei

- Justo antes de comenzar la clase, salir vestida de samurai echando leches a renovar la hora: tener en cuenta que la mitad de los parquímetros funcionan a golpes y que tardará unos minutos en tragarse las monedas que él quiera, no tú.
- Entrenar. No importa que te caigas, que pierdas el equilibrio, que no tengas las lentillas y no veas ni peñazo. La cosa es que has llegado y te has quedado.
- Aguantar todo lo que te deje la ansiedad. Si se puede, renovar el parquímetro. Habrá risas aseguradas.

En caso de que se te pase la hora del parquímetro, IMPRESCINDIBLE buscar el ticket de multa para revertirla. Si no tienes, no te vayas antes de localizar al controlador/a. Mejor 3 euros hoy que 20 dentro de dos meses de sopetón.

¡Y así entrené ayer!

¿¿Pero es que no hay nadie que vaya a Embajadores desde el sureste por las mañanas?? ¿ni siquiera en metro?

En caso de que no paséis, si podéis difundir este anuncio, os lo agradecería, porque hoy por hoy, y aunque sin gripe, moverme sola es prácticamente imposible.


Imagen (C) Jesús, del FVI

… aunque quizá haya algún lugar en la Tierra donde el mes lunar termine hoy.

En los dos Eid saldamos deudas, materiales y de las otras. Pero especialmente en Eid Al Fitr, el fin de Ramadan, el fin del Ayuno.

Al contrario de lo que nos deseaba mi querida Kamila en Córdoba, este no ha sido mi mejor Ramadan. Enferma x2, sobredosificada, con un montón de papeleos que me descojonan las rutinas y me agotan, incertidumbres por todas partes… y sola, que es un poco triste. La Junta Islámica viven la mayoría en Andalucía y en Barcelona. Herber respeta el ayuno, el silencio, las abstinencias que hacemos para dar nuestra donación, el Zakat Al Fitr, e incluso participa de esta. Pero no es igual. Este año, mientras empezaba a ayunar, hice la Tarawih con él, leyendo en español (una oración especial en la que leemos el Corán a lo largo del mes) . Es una bendición, pero cenar solos era un poco triste para mí; y a la mezquita del barrio sigo sin poder entrar.

Pero es lo que tiene Ramadan, que es milagroso. Un día, un minuto, el último minuto del último día justo antes de la puesta de sol. Llega un milagro, la íntima respuesta a tus du’as [súplicas, oraciones fuera de la Salat] más íntimas.

Los que recuerden este post lo entenderán.

Escribía el Eid al-Fitr pasado que Ramadan nos enseña a reflexionar por qué siempre queremos más: más y mejores amigos, más cosas, más libros, mejor trabajo. Más y mejores milagros, incluso.

Pero saber que mi amiga responde y está bien, siendo menos de lo que yo habría querido tener, le da mayor dimensión al milagro mismo. Calma, Sakina; y Sabr, Paciencia. Y amor, y respeto. Y agradecimiento a Quien está cerca de todos.

Y entonces el alma indigente entrega todo esto, todos estos signos y causas secundarias del crecimiento, el tiempo y la responsabilidad, para decir “no sé. No sé Dios mío que significan estos signos y me siento con una enorme pena de mi mismo ante Ti, pero sé que por Ti estoy aquí y Tú me eres suficiente, porque Te amo por el Amor que Tú pusiste en mi, por Tu deseo vivo, perfecto y ardiente que me mata y me regresa a Ti”.

Y durante la noche entregar todo en la oración y saber que sólo a El se le entrega, y mirar con lágrimas por la noche el eco de la súplica del Profeta cuando estuvo más y más cerca de Alláh: “Oh Señor: mi comunidad, mi comunidad, mi comunidad”.

Amor de mis amores, oh alma mía derretida en el fuego de la lejanía, aprende a amar y sólo a amar con tu alma tu cuerpo tu ser y tus segundos. Y aun todos los segundos que has olvidado entregarlos a Tu amado, porque también son leños y tus lágrimas combustible, y sonríe mucho hasta que te rompas en mil, porque el león que cuida a sus crías, la madre que da su pecho al bebé, el pajarillo que muere por su cría, son solo una de las Misericordias, y El ha guardado 99 más para el Encuentro.

Ya Gafur, Ya Gafur, Ya Gafur, Señor, para la comunidad de Tu Profeta: la humanidad por entero.

De mi hermano Ahmed Munir

Traduzco mi post del grupo de Facebook Kendo Chicks Rock!

Aunque creo que soy la única kenshi musulmana, por lo menos en Europa, espero que otras puedan leer esto.

Este jueves entrené por primera vez mientras hacía Ramadán. Técnicamente, este es mi primer Ramadán, ya que la medicación que he estado tomando estos años me eximía del ayuno. Y lo cierto es que no fue tan difícil como había creído. Simplemente hay que tener la precaución, la noche anterior, de hidratarse más de lo normal en otra noche de Ramadan; y sobre todo, elegir bien la hora de entrenamiento. Aunque normalmente entreno por la mañana, he pedido a P.-sensei y a mis senpai entrenar por la tarde durante este mes.

Aguanté dos horas y media como una señora. Incluso participé en los turnos de combate, y salí unos minutos antes de romper el ayuno, ya duchada y vestida de civil. Ni que decir tiene que me tiré literalmente sobre los dátiles, las almendras y el litro de zumo de naranja que me había llevado en la bolsa ;D

Más allá de lo puramente religioso, momentos como este dan sentido a perseverar en una práctica que, las más de las veces, me ha traído más frustración que alegrías. Puede que sea la peor kendoka del multiverso, pero si puedo sostener el shinai incluso durante el ayuno, entre dos tandas de oración, entonces el horizonte desde el men-gane, como el cielo, no tiene límites.

Kami no Akbar! :D

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